Corres, andas, vuelas. No sabes por qué sigues andando desde hace ya tanto tiempo, no lo sabes, pero sabes que tienes que seguir. No se trata de un camino recto ni de una meta, avanzas y retrocedes, ganas y pierdes, es un paseo que no llega a ningún sitio, a veces evolucionas, otras involucionas. No paras, aunque a veces te muevas a paso lento, como un árbol mecido suavemente en una tarde de final de verano. No sabes por qué, pero andas, eso lo tienes claro, tan claro como la última vez que te gritaron con chillidos metálicos y supiste que era hora de volver a hacer el equipaje. Te preguntan si huyes. Nunca. No huyes, no te escapas porque escaparse de algo implica asumir que ese algo te asusta. Tú no huyes, buscas. Buscas respuestas y te haces preguntas.
Son las cinco de la tarde y hablan por la megafonía de un supermercado en un idioma distinto a ése en el que tú sabes querer. Es un miércoles a las cinco de la tarde en Heidelberg y flaqueas, tu rodilla izquierda se vence, mientras en toda tu cabeza resuena un por qué amplificado como en un concierto de rock.
Y te dices que tienes ganas de volver a casa. A una casa que no se encuentra en ningún mapa. ¿Qué es "tu casa"? Tu casa es el último abrazo que te dieron, tocar una mano con los ojos cerrados y notar que la conoces mejor que la tuya propia. Tu casa son tus últimos ataques de risa y el olor a café cuando despiertas y alguien ya te ha hecho el desayuno.Tu casa es contar lo que te pasó hoy y que te entiendan sin tener que explicar. Tu casa es el silencio elocuente de quien con poco dice mucho, es el olor a esa colonia y la sensación inalterable de que todo está en orden. Tu casa es poder llorar a gusto y también la última postal que recibiste.
Tu casa no es un sitio, sino un mapamundi de rostros que conoces al detalle.
De pronto vuelven a tu mente las palabras de aquella canción de Kimya Dawson que conociste con 17 años después de ver Juno "Because wherever we are in this great big world we'll never be more than a few hours from home. And that's important, because I need to travel, I've had this itchin' in myshoe since was just a little kid". Y de golpe entiendes las palabras que te esperaban en tu memoria agazapadas tras la música durante todo este tiempo. Te sientes feliz porque sabes que tienes una casa, aunque no la puedas ubicar en el Google Maps. Y te vuelves a dar cuenta de que las ciencias no son absolutas, ni objetivas, que estar con gente no significa no estar solo, que los kilómetros a veces están más cerca que una puerta de la otra. ¿O es que acaso por cercanía sabes todo de tu vecino de al lado?
Sabes que da un poco igual si es en tren, en bus, o por teléfono. Pero pronto llegarás a casa. Lejos de preguntas impertinentes con sabor a ácido.
¿Por qué?-te preguntan
-"¿Por qué no?"
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